Imágenes de Punto de Fuga II de Francisco Belarmino - Registro fotográfico por Daniela Canales  
Aman al píxel, no al héroe. El héroe ha muerto. Larga vida al héroe - Hito Steyerl
La muerte es una experiencia extraordinaria
Dave Bowman observaba cómo variaba el horizonte. Del amarillo al azul y luego a un intenso y amanecido violeta. Sabía que ese informe caos, visible solo por el resplandor que dibujaban los bordes, era la materia no usada de la creación, la materia prima de evoluciones que aún habrían de ser (Clarke, 1968). Tal como en aquel relato cósmico las comunicaciones fluctúan entre humanos, máquinas y monolitos, Punto de Fuga II, en la pantalla LED esférica de Francisco Belarmino, también transmite una épica que traspasa diferentes estratos de vida. Los sonidos filosos, efectuados por la voz de Kurco –artista visual que colaboró con el ámbito sonoro de esta obra–, de motores y piezas industriales contrastadas con las notas de un piano de fondo, activan la irradiación de una luz albina encandilante. Entre sus intervalos se filtran las texturas de pulpas rojas acopiadas por el artista, dispuestas en la secuencia circular. Las resonancias al oído dirigen el curso de la imagen, o al revés.
Comparecer ante esta obra es tocar un atisbo de lo que aún no ha sido creado. Entre el temblor de las imágenes que se deslizan por la superficie, el cromatismo rojo, verde y azul que concentra cada pixel, los sonidos que retumban entre los muros y la curvatura por donde orbita este abismo, el cuerpo de cada espectador no aparta la mirada. Quienes observan este trabajo, deseosos y movedizos bajo la carne, se identifican con su secuencia de imágenes, que fueron realizadas a través de un sistema de inteligencia artificial, programado para reflejar eso que se intuye ver entre cada parpadeo: órganos, carne, materia humana. La sensación es que se trata de un recorrido por el interior de las propias cavidades, de los tejidos bajo la piel que mira: cuando voy a la carnicería siempre me parece sorprendente no estar allí, en el sitio de los trozos de carne, decía Francis Bacon.
El trabajo se encuentra montado en la oscuridad que envuelve la sala de Matucana 100. Los asistentes caminan atraídos hacia la luz, al igual que los insectos cuando aparece un foco que ilumina la opacidad de la noche, en la llanura. Es invierno, la ciudad se mueve bajo un temporal de lluvias y tormentas eléctricas que le dan una humedad particular y poco común a su geografía. El frío del ambiente contrasta con el calor, real o imaginario, que emiten los halos de luz programados por Belarmino. Quienes ingresan, se reúnen en torno a este foco de calor, se dan el tiempo de percibir las ondas que emergen en la superficie, se entregan a la manga de sensaciones e incertidumbres.
Habitamos una oscuridad inagotable
Cada ciclo de Punto de Fuga II pasa a través de una rojeza que envuelve la base de la esfera y también la atmósfera de la sala. Como si estuviéramos llegando a Marte, alrededor de los destellos del LED, pero también gravitando por el cosmos, ansiando un encuentro futuro con aquel lugar, expectando un nuevo tipo de vida y comunicación. Las formas convexas atrapan, evocan otras circunferencias y acogen entre sus arcos abiertos, que serpentean y seducen en el flujo de sus oscilaciones, sin la rigidez que suponen los ángulos rectos.
Desde hace algún tiempo, el corpus de obra de Francisco Belarmino viene persiguiendo la curvatura digital, buscando el abrazo de aquellas mínimas unidades de color que dan cuerpo al resultado final, visto desde lejos. Hace un par de años escribí acerca de un trabajo titulado Superficies sensibles (2020), donde Belarmino inicia la secuencia con la siguiente declaración escrita: “Siempre he querido tener una pantalla gigante y curva”, a lo que luego agregó, “como la que me mira desde el otro lado de la alameda”. En ese caso, el video reproducía cómo la pantalla, tradicionalmente tersa y estirada, se entregaba al cimbra de la imagen, como una oscura elipse de circuitos apagados en la azotea de un edificio, mirando hacia la avenida.
El 2021, la esfera tomó posición bajo Punto de Fuga I, evaporando una gran extensión del resto de la sala de la galería y cautivando, de manera casi escultórica, a todos quienes paseaban por el espacio circundante. Las imágenes que allí se mostraban estaban filtradas por el contexto social e inmediato de ese momento. Punto de Fuga II, en tanto, es un paso al vacío que brota desde lo anterior, pero va más allá de toda imagen próxima y apela directo a la percepción y el instinto: ¿Qué es lo que realmente centellea por unos segundos? ¿Qué sensaciones despierta? ¿Por qué no se puede dejar de mirar? ¿Está todo huyendo, o es solo la circulación –de mercancías, de imágenes, de datos– la que transmite este vertigo?
Por algunos minutos, las emociones que aquí se desencadenan colman algunas de las grietas y vacíos que cargamos a diario. El flujo del mundo y la rutina se detienen ante esta obra. Su contemplación aviva una fracción del deseo, la curiosidad y la fascinación interna, fría e impasible el resto del día: la lujuria asoma.
Nacer es una oportunidad única
El cuerpo busca asir ahora las imágenes incandescentes que aparecen en el momento de caer en el sueño y de despertar (Santa Cruz, 2015, 349). La obra se desliza entre lalevedad de ese límite. Evoca un nuevo tipo de experiencia entre sus imágenes, que ya no son exactamente vívidas, sino que se dejan ver y desaparecen en la intermitencia de sus luces y sonidos, sembrando preguntas sin responder, dejando un suspenso pleno y abierto.
La lujuria es uno de los siete pecados capitales, el exceso y demasía de algo, la osadía de desear más allá de los límites. Aquí, nos entregamos a una sensación que nos abate y congela la vista, a un nuevo tipo de ser vivo, creado por la máquina, a su vez, creada por el artista. Enceguecemos ante la luz blanca y seguimos por inercia, porque no es posible apartarnos de allí. Cuando la inercia supera el letargo, somos capaces de llegar a lugares desconocidos.
Al final del cuento Catedral (1983), una de las obras cúlmines de Raymond Carver, se nos revela la razón del título cuando un norteamericano en Conneticut, hastiado y promedio, es visitado por un viejo amigo de su esposa. El último párrafo, narra cómo el protagonista le muestra y por primera vez percibe, por inercia, una catedral:
Ahora cierra los ojos.
Lo hice. Los cerré, tal como me decía.
—¿Los tienes cerrados? —preguntó—. No hagas trampa.
—Los tengo cerrados.
—Mantenlos así. No pares ahora. Dibuja.
Y continuamos. Sus dedos apretaban los míos mientras mi mano recorría el papel.
No se parecía a nada que hubiese hecho en la vida hasta aquel momento.
Luego dijo:
—Creo que ya está. Me parece que lo has conseguido. Echa una mirada. ¿Qué te parece? Pero yo tenía los ojos cerrados. Pensé mantenerlos así un poco más. Creí que era algo que debía hacer.
—¿Y bien? —preguntó—. ¿Estás mirándolo?
Yo seguía con los ojos cerrados. Estaba en mi casa. Lo sabía. Pero yo no tenía la impresión de estar dentro de nada.
—Es verdaderamente extraordinario —dije.
* * *
Punto de Fuga II es reaparecer en el sueño, sumergirse nuevamente en otro cuerpohumano que alguna vez nos sostuvo, proyectar cómo era cuando nos encontrábamos flotando entre aquellas cavidades, asistir al contraste entre dos tipos de comunicaciones y relatos: el de nuestro mundo y el que despliega la obra. Presentir, también, cómo será la abatida que nos consuma, la última expiración, las imágenes que comparecerán en aquel final y nos acercarán a lo que una vez escribió Alessandro Baricco: Nada es más fuerte que ese instinto de volver a donde nos desgarraron, y de seguir repitiendo ese instante años y años. Pensando tan solo que quien nos salvó en una ocasión puede después hacerlo para siempre.
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Punto de Fuga II de Francisco Belarmino se presenta dentro de la exposición 7, presentada por Matucana 100 y organizada por One Moment Art, la cual invita a un grupo de artistas a crear un imaginario en relación con cada pecado capital a través de propuestas site-specific
Baricco, Alessandro (2006) Sin sangre. Barcelona: Anagrama
Carver, Raymond (2012 [1983]) Catedral. Barcelona: Anagrama.
Clarke, Arthur C. (2003 [1968]) 2001: Una odisea espacial. Barcelona: Debolsillo.
Maubert, Franck   (2018) El olor a sangre humana no se me quita de los ojos. Conversaciones con Francis Bacon. Barcelona: Acantilado.
Santa Cruz, Guadalupe (2015) “Esta parcela” En: El vivero y el inventario. Antología narrativa. Santiago: Sangría Editora.
Santa Cruz, Guadalupe (2013) “No toda velocidad” En: Lo que vibra por las superficies. Santiago: Sangría Editora
Nota de la autora: El título de este texto proviene de No toda velocidad, de Guadalupe Santa Cruz, publicado por Editorial Sangría en el año 2013. Parte de las reflexiones aquí inscritas fueron desarrolladas en el marco del Programa de Residencia de Investigación Curatorial del Centro Nacional de Arte Contemporáneo 2021-2022. Las frases que dividen cada uno de los apartados fueron extraídas del largometraje Clímax de Gaspar Noé (2018), cuya secuencia de baile en el opening –especialmente diseñada para seducir la mirada atenta del espectador– puede ser tan atrapante como el trabajo de Francisco Belarmino que aquí hemos comentado.

Vania Montgomery
Es licenciada en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile y diplomada en Archivística por la misma casa de estudios. Entre el año 2018 y 2019 se desempeñó como investigadora en un proyecto sobre el artista Víctor Hugo Codocedo, junto a Alejandro de la Fuente y Justo Pastor Mellado, así como también en un trabajo de archivo y digitalización de los documentos y obras gráficas de Eugenio Dittborn, junto a Vicente I. Domínguez. Sus textos se han publicado en revistas y libros en Chile y el extranjero, algunos en coautoría con aliwen y Victoria Ramírez. Actualmente forma parte del Departamento de Estudio de los Medios y trabaja como editora del último libro escrito por Guillermo Machuca.


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